Preautorización de tarjeta en restaurantes: la guía completa 2026
Una mesa de ocho reservada para el sábado por la noche, un menú especial encargado, un camarero (o mesero) extra en el turno... y nadie se presenta. Frente a los no-shows, cada vez más restaurantes piden los datos de la tarjeta en el momento de la reserva. El cliente introduce su tarjeta, no se le cobra nada, pero ambas partes saben que existe un compromiso.
El tema genera muchas dudas: ¿es legal pedir la tarjeta para reservar? ¿Qué diferencia hay entre una preautorización, un cobro anticipado y una señal? ¿Qué importe conviene pedir sin espantar a la clientela? ¿Y cambia algo según el país? Esta guía responde a todo, punto por punto, con las fuentes oficiales de cada mercado.
En resumen:
- la preautorización retiene fondos temporalmente en la tarjeta del cliente, pero no cobra nada;
- la práctica es admitida siempre que se informe al cliente con claridad antes de reservar (importe, plazos y condiciones);
- no es lo mismo que una señal o un anticipo, que sí son dinero realmente cobrado;
- un importe razonable (del orden de un plato o un menú por comensal) disuade sin castigar;
- resérvela para las situaciones de mayor riesgo: grupos, noches completas, eventos con fecha fija.
¿Qué es exactamente una preautorización de tarjeta?
La preautorización (también llamada retención o bloqueo de tarjeta) consiste en registrar la tarjeta del cliente al reservar y pedir a su banco la autorización de un importe determinado. Ocurren dos cosas importantes, y una tercera no ocurre:
- se verifica que la tarjeta es válida y tiene fondos;
- el importe puede quedar temporalmente bloqueado en la cuenta del cliente, que no puede disponer de él;
- pero no se cobra nada. Si el cliente acude a su reserva, la preautorización se anula y los fondos se liberan.
Es el mismo mecanismo que hoteles y empresas de alquiler de coches (o autos) aplican desde hace décadas. Como explica el proveedor de pagos español PayComet, la preautorización "bloquea temporalmente una cantidad específica de dinero" sin realizar el cargo definitivo; el comercio decide después si captura el importe o libera la retención, y esa liberación es inmediata, a diferencia de un reembolso, que puede tardar días.
Precisamente por eso la preautorización encaja tan bien en la reserva de restaurante: en la inmensa mayoría de los casos el cliente acude, no se cobra nada y nadie ha adelantado dinero. En ViteUneTable, nuestro software de reservas para restaurantes, es el escenario que más observamos: la simple existencia de la garantía basta para que el cliente venga, o para que cancele a tiempo y libere la mesa.
Preautorización o cobro inmediato: no los confunda
Algunos establecimientos cobran una cantidad en el momento de reservar (el prepago de un menú, la entrada de una cena especial). Eso es un pago real, con un cargo real en la cuenta. La preautorización, en cambio, no mueve dinero mientras el cliente respete su reserva. Para el cliente la diferencia es enorme: su cuenta no se toca, como mucho una parte del límite de su tarjeta queda temporalmente comprometida.
Preautorización, señal, anticipo: tres figuras distintas
Conviene tener claro el vocabulario, porque las obligaciones cambian según la figura:
| Figura | ¿Se cobra dinero? | Qué implica |
|---|---|---|
| Señal (o depósito de reserva) | Sí, se cobra | Cantidad entregada a cuenta al reservar; en España debe descontarse del importe final de la factura |
| Prepago | Sí, se cobra | El cliente paga el menú o el evento por adelantado; es una venta anticipada |
| Preautorización | No, solo se retiene | Garantía: el cargo solo se ejecuta si el cliente no se presenta, según las condiciones anunciadas |
En España el término habitual es "señal"; en buena parte de América Latina se habla de "anticipo" o "depósito". Sea cual sea el nombre, si usted cobra dinero por adelantado, defina por escrito qué pasa con esa cantidad en caso de cancelación o de no-show.
¿Es legal pedir la tarjeta para reservar? Depende del país
La respuesta corta: la preautorización como garantía es una práctica admitida en los principales mercados hispanohablantes, pero siempre con la misma condición central, informar al cliente antes de que confirme la reserva. Los matices legales sí cambian según el país, así que veámoslos por separado.
En España: información previa y cantidades descontables
En España, la Dirección General de Consumo de la Junta de Andalucía lo ha aclarado públicamente: un restaurante no puede cobrar un suplemento por el mero hecho de gestionar una reserva, pero sí puede pedir una cantidad por adelantado siempre que se descuente del importe final, y puede aplicar penalizaciones por cancelación tardía o no presentación siempre que hayan sido informadas con anterioridad, "detallando plazos, importes y circunstancias". La OCU recuerda el mismo principio: reservar no puede encarecer la cuenta, y cualquier condición económica debe conocerse antes de contratar.
Aplicado a la preautorización, esto se traduce en una lista de comprobación concreta:
- Anuncie la garantía antes de la reserva, no después. El cliente debe saber, en el momento de reservar, que se le pedirá la tarjeta.
- Indique el importe exacto que se retendrá y que se cobrará en caso de no presentarse.
- Detalle las condiciones: hasta cuándo la cancelación es gratuita, qué ocurre con los retrasos, cómo se cancela.
- Conserve la prueba de esa información (la página de reserva, el correo de confirmación con las condiciones). Es lo que le protege ante una reclamación.
- Nunca cobre más del importe anunciado, y solo en los supuestos previstos.
Un apunte de prudencia: no existe, que sepamos, una norma española que regule específicamente la preautorización en restaurantes. La práctica se apoya en el derecho general de contratos y en el deber de información al consumidor. Si su política de cancelación es ambiciosa (importes altos, plazos cortos), haga que la revise su asesor habitual.
En México: nada de cargos sin autorización expresa
En México, la PROFECO (Procuraduría Federal del Consumidor) es tajante: realizar cargos sin autorización del consumidor es una práctica comercial abusiva, y si el cliente pagó un anticipo, el restaurante no puede negarle el servicio reservado. La Ley Federal de Protección al Consumidor añade que, si el servicio no se presta por causas imputables al establecimiento, el consumidor tiene derecho a una bonificación de al menos el 20 % del precio pagado.
Para un restaurante mexicano, la lectura práctica es la misma que en España, con un énfasis aún mayor en el consentimiento: el cargo por no-show solo es defendible si el cliente aceptó expresamente esas condiciones al reservar (una casilla marcada, unas condiciones visibles con el importe y el plazo). Un cargo sorpresa, aunque el cliente no se haya presentado, es exactamente el tipo de práctica que acaba en queja ante la PROFECO. Y recuerde que el compromiso es bidireccional: si usted cobra anticipos, está obligado a respetar la mesa, el horario y las condiciones pactadas.
En el resto de América Latina la lógica se repite con sus propias autoridades (la SIC en Colombia, el SERNAC en Chile, Defensa del Consumidor en Argentina): transparencia previa, consentimiento del cliente y proporcionalidad del importe. Antes de aplicar penalizaciones agresivas, verifique la normativa de consumo de su país.
¿Qué importe conviene preautorizar?
No hay un baremo oficial en ningún país. La pregunta correcta es: ¿qué cantidad hace que el cliente se tome en serio su reserva, sin convertir el proceso en un interrogatorio?
Algunas referencias de sentido común:
- Bar de tapas, bistró, fonda: el orden de magnitud de un plato principal por comensal. Suficiente para responsabilizar, insuficiente para asustar.
- Restaurante gastronómico o de menú único: el precio del menú por comensal se justifica, porque la pérdida con una mesa vacía es casi total.
- Grupos y privatizaciones: un importe por comensal, anunciado desde el presupuesto, porque una mesa grande ausente puede arruinar un servicio entero.
- Eventos con fecha fija (Nochevieja, San Valentín, el 10 de mayo en México): importe más alto, o directamente prepago del menú, porque esa mesa no se puede revender otro día.
Tenga en cuenta que la preautorización compromete el límite de la tarjeta del cliente mientras no se libere: un importe desproporcionado puede molestar a un cliente de buena fe, y la autorización puede ser rechazada si su límite está agotado. Quédese en cantidades que se sentiría cómodo justificando en voz alta.
Y aplique la regla con criterio: el objetivo es disuadir las reservas "por si acaso", no facturar a un habitual que tuvo un imprevisto. Un gesto comercial bien colocado suele valer más que el importe cobrado.
Cómo anunciarla a sus clientes sin espantarlos
El miedo a "perder reservas" es la primera objeción de los hosteleros (o restauranteros). Se gestiona casi por completo con la formulación.
- Explique el porqué: una frase del tipo "Para garantizar su mesa le pedimos los datos de su tarjeta. No se realizará ningún cargo si acude o cancela antes de [plazo]" desactiva la mayoría de las reticencias. Sus clientes ya conocen el mecanismo por los hoteles.
- Destaque la cancelación gratuita dentro del plazo. El mensaje no es "le cobraremos", sino "avísenos y no pasa nada".
- Sea coherente: el importe anunciado al reservar debe aparecer idéntico en el correo de confirmación.
- Facilite la cancelación: un enlace de cancelación utilizable en segundos dentro de cada correo convierte no-shows en cancelaciones anticipadas, y hace su garantía mucho más legítima.
- No se disculpe: una política clara y asumida inspira confianza. Los clientes serios, es decir casi todos, no tienen nada que temer y lo entienden perfectamente.
Cuándo activar la preautorización y cuándo prescindir de ella
La preautorización es una herramienta potente, no un ajuste por defecto. Añade un paso a la reserva, y cada paso adicional hace perder algunas reservas legítimas.
Actívela cuando el riesgo lo justifique:
- grupos a partir de 6 u 8 comensales, donde un no-show amputa seriamente el servicio;
- viernes y sábados por la noche si usted rechaza clientes con regularidad;
- menús especiales y eventos con fecha fija;
- locales de poca capacidad, donde cada mesa cuenta doble.
Prescinda de ella cuando la fricción cueste más de lo que aporta:
- servicio de mediodía entre semana, mesas de 2, alta proporción de habituales: un recordatorio por correo suele bastar;
- clientela mayor o poco cómoda con el pago en línea, si representa una parte importante de sus comensales;
- establecimiento en fase de lanzamiento, cuando cada reserva ganada vale más que un no-show evitado.
El mejor enfoque es quirúrgico: preautorización en las franjas y tamaños de grupo que de verdad le hacen daño, reserva en dos clics en todo lo demás. Sus estadísticas de no-show (día, servicio, tamaño de mesa) le dirán exactamente dónde poner el listón.
Activar la preautorización con ViteUneTable
Técnicamente usted no tiene que construir nada: es el trabajo de su software de reservas y de su proveedor de pagos.
Con ViteUneTable, la preautorización forma parte del pack Estándar + Anti No-Show, a 49 € al mes IVA no incluido, sin comisión por comensal. En la práctica:
- activa la garantía en unos clics y elige el importe por comensal;
- decide dónde se aplica: solo grupos, solo ciertos servicios, o todas las reservas;
- el cliente ve el importe y las condiciones al reservar y las recibe de nuevo en su correo de confirmación, lo que cubre su deber de información previa;
- si acude o cancela dentro del plazo, no se cobra nada; si no se presenta, usted decide caso por caso si ejecuta el cargo;
- la versión gratuita sigue disponible sin límite de tiempo y con 0 % de comisión para siempre, por si prefiere rodar primero sus reservas en línea; el Pack Estándar, con recordatorios por correo y "Reservar con Google", cuesta 29 € al mes IVA no incluido.
Los precios de ViteUneTable son en euros para todos los mercados.
Preguntas frecuentes
¿Existe un importe máximo para la preautorización en un restaurante?
Ninguna norma fija un tope específico para la restauración, ni en España ni en México. El importe debe ser proporcionado a la prestación reservada y estar anunciado con claridad antes de reservar. En la práctica, moverse entre el precio de un plato y el de un menú por comensal le mantiene lejos de los conflictos; para importes altos, consulte a su asesor.
¿Cuánto tiempo quedan retenidos los fondos en la tarjeta del cliente?
Depende de la plataforma de pago y del banco emisor. Según PayComet, el bloqueo suele mantenerse un máximo de 7 días en la plataforma, aunque el banco emisor puede retener los fondos hasta unos 30 días. En la práctica, tome la preautorización pocos días antes de la comida y libérela en cuanto termine el servicio: el cliente recupera su límite antes.
¿Puede el cliente disputar el cargo después de un no-show?
Sí, cualquier titular de tarjeta puede reclamar una operación a su banco. Su mejor protección es la prueba de la información previa: condiciones visibles al reservar, importe anunciado, correo de confirmación que las repita. Si el cargo coincide exactamente con lo anunciado, su posición es sólida; si no, la disputa tiene todas las papeletas de prosperar.
¿Qué pasa si la tarjeta ha caducado o no tiene fondos el día del no-show?
El cargo puede fallar: una preautorización no es una garantía absoluta de cobro. Es una razón más para tomarla cerca de la fecha de la comida en lugar de semanas antes, y para comprobar que su software valida la tarjeta en el momento de la reserva.
¿Preautorización o anticipo: qué conviene para los grupos?
El anticipo (o señal) se cobra de verdad y compromete a ambas partes, lo que protege las grandes privatizaciones con gastos comprometidos (menú especial, personal extra). La preautorización no cobra nada y encaja en las reservas de grupo habituales. Muchos establecimientos combinan: preautorización hasta cierto tamaño de mesa, anticipo o prepago a partir de ahí. En España, recuerde que la cantidad cobrada por adelantado debe descontarse de la factura final.
¿La preautorización espanta de verdad a los clientes?
Desaparece una parte de las reservas "por si acaso", y ese es precisamente el objetivo. Los clientes que de verdad pensaban ir aceptan mayoritariamente el sistema, ya habitual en hotelería, siempre que la cancelación gratuita sea sencilla y el mensaje esté bien formulado. Si nota una caída real, restrinja la garantía a las franjas de riesgo en lugar de abandonarla.
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